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Viajar en colectivo

  Viajar en colectivo   Una vez una amiga me dijo que las relaciones a distancia son lo peor que le puede pasar a una persona intensa, dramática y con aires de superioridad. Y no podría estar más de acuerdo con ella.   Todo comienza en un otoño frágil. En un libro había leído que el otoño es la estación idónea para arrancar de raíz cualquier cosa que no queramos que vuelva a molestar.   Esa frase hizo que mi pareja rompiese conmigo. Había demostrado ser “eso” que no quería en su vida porque ella no pertenecía más a la mía. Como un cobarde no se lo dije, se lo demostré con acciones que hasta el día de hoy me arrepiento. Las cuestiones que más nos duelen son las que más pensamos y al mismo tiempo ignoramos, o intentamos hacerlo. Y no estoy diciendo algo especial. Es un hecho.   Por situaciones como la de mi antigua pareja; decidí viajar, conocerme, conectarme con un mundo nuevo y tener aventuras nunca antes vividas. Antes había viajado solo hacia una aventur...

Traigan sartenes.

  Conocí un pensador con el que tuve la posibilidad de conversar. Los temas eran simples, pero él le otorgaba cierta belleza la cual establecía un vínculo con la asíntota de lo perfecto. “No quiero estar con alguien sin más” le dije, en busca de una de sus respuestas sabias. “Debes encontrar a alguien que te haga doblar el tiempo y cabalgar en el espacio” comenzó. Alguien que te haga encontrar una paz infinita y a su vez las ganas de despertarte por y para esa persona. Que te motive a existir, respirar este aire nauseabundo con partículas nocivas. Alguien que esté dispuesto a darte lo que das y que te haga abundante, así das en abundancia. Que puedas llorar en paz y saber que tendrás un lugar en el mundo el cual no te de la espalda. Una libertad para soltar tus sentimientos los cuales ocultas por temor y que no los profundizas porque no piensas en ellos. Alguien que te mire y no te olvide. Que veas, y que te vea, realmente. ¿Para que luchar por un amor ciego? Lo cierto es...

Concurriendo roscas oníricas

  Se volvió un ermitaño. No comía, no dormía, Solo bebía.   Se volvió un testarudo. No hablaba, no reaccionaba, Solo fumaba.   Se volvió impaciente No llamaba, no reía. Sólo agonizaba.   Estaba sordo. No de oídos, sino del alma Estaba envenenado. Con la razón y escepticismo.   Envejecía siendo joven, Pero sólo sabía lo que un bebé come. Su corazón, dormido, no lo dejaba mostrarse.   Su odio, en auge, lo adormecía en la penumbra. No reconocía lo que creía Tampoco profundizaba su bellez .   Una voz lo despertaba, a gritos lo nombraba. Sin flameante aspecto, el lloraba. Escuchó la dulzura y desapareció la sordera. Sus ojos lechosos, se atrevieron a hablar. Su nombre oía, todo resplandecía, Despierto se encontraba, caído en su cama. La paz fue interrumpida, por lamentable bandida.   Ladrona de sueños, mañosa de la paz. ¿Dónde fuiste cuando te fuiste sin irte?   ¿A qué lugar?

Persona sin nombre.

Persona sin nombre. No había profundidad en sus palabras. Su aliento. Era seco y contenía una desdicha que me dejaba mareado. Sus palabras eran artificiales, no contenían alegría, no tenían el fuego que otras personas me daban. Sus ojos detonaban un mar de despojos que no podía contener, no quería o no se animaba. Le faltaba alma, espíritu dulce de la noche.          Sus palabras. Daban escalofríos; cortantes, humillantes, corrosivos. No hablaba, pues lo que verdaderamente hacía era estar en oscuridad sorda, y a la vez, brillaba como estrella fugaz en medio de un campo azabache.          Sus perlas. En vano, le debía llenar ese vacío con un orgánico hueco de humanidad que tanto le faltaba, pero no un ingenuo como yo. Imposible un ingenuo como yo. Su sabiduría. No era plena, la mía tampoco, la de nadie. Pero ahí estaba, resplandeciente, fugaz, irresistible al ojo humano. Yo no era más que escombro d...

Ella, un sueño.

En la taberna de Coren concurrían las mejores actividades de nuestro pequeño pueblo: Guara. Desde concursos de quien toma más cerveza hasta una entretenida partida de Taps. Estas actividades siempre iban acompañadas de hermosas melodías, y esas hermosas melodías acompañaban el delicado sonido de una voz tan frágil como las hojas en otoño, estruendosa como el ruido de las mismas hojas romperse y, en algunas ocasiones, tu corazón quedaba así de roto, hecho pedacitos de lo que alguna vez fue algo uniforme y fuerte. Sentías incluso que dentro tuyo una flor extravagante se iba marchitando. No obstante, la mayoría de las veces sentías la primavera en tu cuerpo nevado. La hermosa Dama Sin Nombre apareció en los mejores inviernos que tuvimos, una nevisca fina que permitía a los niños jugar todo el día con la nieve y un sol matutino que te hacía recobrar luego de una noche eterna. Todo el pueblo se sorprendió de esta dama, hermosa como ninguna otra, con unos rizos finos aromados de simpatía...

El inicio de un nuevo mundo

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E s de noche en la posada del gato rengo. Una de las noches de invierno más frías que el corazón de una damisela la cual conocí hace un largo tiempo, mis huesos y venas lo perciben. Sí, es uno de esos inviernos crueles, que te comen vivo, como si fueras una liebre indefensa y el invierno un depredador hambriento. Te consume poco a poco. Una vez en la puerta, paso al Gato Rengo. Una brisa de aire cálido me marea. Un buen mareo, cálido, confortable, que te guía hasta tu chimenea para colocar unos troncos pesados y lisos, a la par de unas pequeñas y frágiles ramitas para avivar un dulce fuego. Pero no, mi hogar se encontraba lejos para eso. Mis botas de cuero, húmedas por la nieve, se descongelan sin ningún tipo de apuro, me las quedo mirando por un largo tiempo hasta que me incorporo nuevamente. Me saco la capucha verde de mi capa. Es una buena capa, con un bordado de hojas negras hecho a la perfección. Es una capa lo suficientemente fina para ser delgada y lo suficientemente gruesa ...

Se trataba de chipas

“Estoy preocupado tobi” me dice por teléfono, me comí de nuevo a mi ex y te voy a contar por qué”  Todo empezó la semana pasada, estaba en una fiesta y bueno, una cosa llega a la otra, huelo su perfume, ella me toca la mejilla y nos enredamos. La cosa es que no termina ahí. Ella me dice despacio, cerca del odio derecho, porque sabe que del izquierdo soy sordo, que tendríamos que vernos para “Aclarar las cosas”. Vos sabes como soy yo, simple y honesto, no necesitaba “aclararle las cosas” yo ya le había dicho “no sos mi tipo, me hiciste mierda” pero esta vez, bajo el efecto del alcohol y la disconformidad con la que manejaba estar solo le dije “por supuesto que hay que aclarar las cosas”.  El 15 de julio voy a la casa, con un paquetito calentito de chipas. Hacía bastante frío y estaba desabrigado. Me abre la madre “Hola, Santi! Entra que hace frio. Anto está arriba”  Luego de saludar a sus familiares voy hacia su cuarto. Me pesaban las piernas. Imagínate, había caminado...

¿Tan rápido nos olvidamos de las personas?

Recorría las calles de Recoleta, acompañado únicamente por mi sombra. Me gusta caminar y más aun solo. Si le proporcionamos la idea de hacerlo en uno de mis lugares favoritos, es un orgasmo hacia mis sentimientos.  No lo hago de manera cotidiana. Y eso le agrega cierto asombro a la historia. Visito Buenos Aires muy pocas veces al año, por lo general, en vacaciones o si ocurre algún evento que me llame la atención.  Encerrado en el departamento de mi prima, solo, mi tío me comenta desde la cocina “¿Por qué no salís y te aireas un poco?” Todos conocemos esa frase “Airear un poco” lo curioso es su connotación en la historia puesto a que estaba en “Buenos Aires” ¿Que mejor lugar para airearse?  Voy a la cocina, intercambio un par de palabras, me da efectivo, tomo las llaves y me voy. Cabe aclarar que las cosas más pequeñas son las que hacen un gran cambio. Demoré lo que tenía que demorar en salir y baje por las escaleras porque así lo predijo el destino.   Un...

Pantallazo de lo que viene siendo mi vida

En mi historia arrebataron a los que me dieron vida. El egoísmo que llevaba dentro propuso un castigo y fue que la persona a la cual más amé se olvidara de mí y en sus recuerdos no yace mi presencia. La inseguridad que invadía mi bondad fue el epíteto de mi frialdad y por lo tanto la maldad. Amé, perdí, algunos dieron la espalda convirtiéndome en un fantasma, invisible a sus ojos. Recuperé y nuevamente fui sombra del olvido. Encaminé rutas difíciles para llegar a donde estoy. He de tener una transformación en tales paraderos de estos senderos. Bosques donde se aprende a sobrevivir o viajeros que me invadieron con su sabiduría. Gracias a ellos ayudé, reflexioné, perdí los temores que abrumaban, aprendí a ignorar pero sobre todo a amar. He de concordar con el destino y sus planes maléficos.   Volví a amar y me amaron, conocí a más caminantes como yo, aprendimos mutuamente y nos beneficiamos. El camino se tornó más claro y con árboles pintorescos, en algunas vistas puedo deslu...

Bajo el efecto de la amargura

Me di cuenta que odio a las personas. No es por una falta de empatía propia de un marginado por la sociedad, todo lo contrario.   Odio a las personas porque me mienten en la cara, escupen esa mentira y yo los miro feliz, tengo un letrero que dice “es imbecil, hagan lo que quieran”.   Me han roto el corazón de mil maneras distintas. Amores no destinados a serlos, amores que me envenenan sabiendo que lo hacen, es decir, me estoy suicidando por culpa de alguien. Con la típica frase “te extraño”, no, no me extrañas. Extrañas una parte de mi la cual te beneficiaba y, al distanciarnos, te olvidaste de mi persona cuando yo no lo hice con la tuya. Te dicen que te extrañan cuando nunca te escriben, te extrañan cuando se acuerdan de tu existencia, que es cuando te comprometes a la acción de hablar con la persona.   Odio a las personas porque no creen en el “si necesitas mi ayuda, avísame”. Y cuando estás para ellos...   Al necesitar ayuda vos, vas ...