El inicio de un nuevo mundo
Es de noche en la posada del gato
rengo. Una de las noches de invierno más frías que el corazón de una damisela la
cual conocí hace un largo tiempo, mis huesos y venas lo perciben. Sí, es uno de
esos inviernos crueles, que te comen vivo, como si fueras una liebre indefensa
y el invierno un depredador hambriento. Te consume poco a poco.
Una vez en la puerta, paso al Gato
Rengo. Una brisa de aire cálido me marea. Un buen mareo, cálido, confortable,
que te guía hasta tu chimenea para colocar unos troncos pesados y lisos, a la
par de unas pequeñas y frágiles ramitas para avivar un dulce fuego. Pero no, mi
hogar se encontraba lejos para eso. Mis botas de cuero, húmedas por la nieve,
se descongelan sin ningún tipo de apuro, me las quedo mirando por un largo
tiempo hasta que me incorporo nuevamente. Me saco la capucha verde de mi capa.
Es una buena capa, con un bordado de hojas negras hecho a la perfección. Es una
capa lo suficientemente fina para ser delgada y lo suficientemente gruesa para
que te proteja de los malos tiempos. Con varios bolsillos en su interior. Es un
buen obsequio por las buenas hazañas que he cometido
a lo largo del tiempo… hace largo tiempo.
En la pequeña mesa circular de una buena madera
de roble, al lado de un pilar de la misma madera, está sentada una persona con
la insignia de los igni. Eso quería decir dos cosas: era mi destinatario o un
ladrón, y a los igni nadie les roba. Me acerco a este sujeto, sus codos yacían
pegados a la mesa y su cabeza a las manos. Su cara no se dejaba ver por su
largo pelo gris, pero le recorría una cicatriz por el extremo derecho de la
frente. Tenía un chaleco de cuero negro y una camisa blanca arrugada,
tranquilamente podría ser contrabandista. Le acaricio su pelo graso. No me
malinterpreten, su corte me obligaba a hacerlo. Largo en el centro, como cola
de caballo, y rapado por los costados. De igual manera no fue una caricia
suave, fue brusca y agresiva.
-Estoy despierto! Oh,
eres tú. Siéntate, por favor. - Su cicatriz atravesaba su ojo lechoso. No traía
ningún parche, eso quería decir que no era nada por qué avergonzarse, alguna
pelea victoriosa sin duda. También tenía barba, a simple vista estaba cuidada.
Pero llevaba algunos días sin estar perfectamente alineada. Seguramente se la
cortó el mismo día que lo hizo con su pelo.
Cuando me siento
aparece un mesero. Mi acompañante levanta la mano en señal de que no quiere
nada más. Cuando lo hizo, tuve la intriga de saber cuánto tomó, así que lo olí
desde donde estaba. Seguro no tomó más de dos cervezas de trigo. Me pedí una.
Estaba sediento luego del viaje, y seguía teniendo un poco de frío. Cuando el
mesero se retira, le agradezco y se va. Me precipito a hablar.
-Entonces... tienes la
información necesaria?
-Oh sí, sí que la
tengo. Te queremos adentro, muchacho. El tema es que debes superar unas...
pruebas. Veras, no es tan simple ser uno- Se acerca más a mí- uno de nosotros.
-Comprendo. ¿Qué debo
hacer? ¿Acrobacias? ¿Pelear? ¿Magia?
-No es tan fácil,
chico. Nosotros no aceptamos a cualquiera. Primero debes hablar con ella-
esperaba a que apunte a alguien o aparezca una muchacha, no pasaron ninguna de
las dos cosas.
-Esta chica, te dirá
lo que debes hacer. Ya sea un trabajo para nosotros o escribir sin parar
durante todo el día. Puede que lleves un paquete de un lugar a otro, o bien
tengas que recurrir matar a alguien. - mis ojos llamearon con la idea de
asesinar a alguien. Toco mi daga para recordar los viejos tiempos. - Así que te
gusta esa idea eh? Jajaja, tienes agallas, chico. Me gustas. Si sigues así te
reclutaremos antes de lo previsto. Ahora escúchame atentamente. Tenemos que
hablar sobre esta mujer.

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