Traigan sartenes.

 

Conocí un pensador con el que tuve la posibilidad de conversar. Los temas eran simples, pero él le otorgaba cierta belleza la cual establecía un vínculo con la asíntota de lo perfecto.

“No quiero estar con alguien sin más” le dije, en busca de una de sus respuestas sabias.

“Debes encontrar a alguien que te haga doblar el tiempo y cabalgar en el espacio” comenzó.

Alguien que te haga encontrar una paz infinita y a su vez las ganas de despertarte por y para esa persona. Que te motive a existir, respirar este aire nauseabundo con partículas nocivas.

Alguien que esté dispuesto a darte lo que das y que te haga abundante, así das en abundancia. Que puedas llorar en paz y saber que tendrás un lugar en el mundo el cual no te de la espalda. Una libertad para soltar tus sentimientos los cuales ocultas por temor y que no los profundizas porque no piensas en ellos.

Alguien que te mire y no te olvide. Que veas, y que te vea, realmente. ¿Para que luchar por un amor ciego? Lo cierto es que no miras mas allá del alma, puesto a que hay más. Hay un movimiento, una energía que te vincula para que no te separes, cosa que tu no has evolucionado para nada. Caes una y otra vez en lo mismo. Dices que encontraste una paz, pero con el exterior, no contigo mismo.

Alguien que calme heridas no sanadas, ya que vos no logras curarlas. Pero, ¿estás dispuesto a hacer lo mismo? Debes encontrar a alguien con el que estés prometiendo sanar lo que tenga, cosa que no es fácil.

Alguien con quien puedas compartir tiempo y multiplicarlo. Nada de que perdiste o no hiciste nada, ya que en la vida uno debe elegir como gastar e invertir a su voluntad lo que quiere, pero debes estar seguro.

Alguien indescriptible, que tenga en sus manos los acertijos que tanto te gustan responder. Profunda, creativa y con la paciencia de aguantar a un niño como vos. Porque lo sos.

Y si caes, o cae, que estén para levantarse, agarrarse de la nada, crear energía con lo imposible. Motívate, pendejo. Motívate de una vez. ¿Qué estás esperando? ¿En cuantas personas pensaste con todo lo que te dije? Más de una pasó por tu cabeza, ninguna lo vale. No por ellas, sino porque no tenés los huevos de decírselo, y está bien, ya va a venir ese alguien, y te vas a sentir el pendejo más valiente del mundo, imparable como ningún otro.

Que de la simpleza creé grandeza, cosa que no es fácil. Que te distraiga con las cosas hermosas que tenés en la vida. O que te las haga ver. Estás muy ciego, te lo digo yo que tengo un culo de botella en mis dos ojos, lo veo todo claro, ahora.

Pero, ojo, ten paciencia. El tiempo es una maquina de hacer cosas maravillosas, pero dale un poco de espacio. Aunque ya le has ganado algunas carreras, no lo apures más. Aun así, si te quedas sin tiempo, también está bien. Debe salir rugiendo de vos, espera pacientemente.

Te tiene que quemar, adentro, afuera, en las tripas, en los muslos. Debes sentir una cascada adentro tuyo y que tenga la fuerza de un desesperado.

Antes veías mejor. No sé que te pasó, ¿o me equivoco? Con un tímido no, le respondí, y sonrió.

Muchos poetas escriben que moverían ¡Cielo y tierra para estar con esa persona! No les creas, te hacen quedar diminuto y lo cierto es que no conocen el amor.

No te desmotives, tenés cierto fuego que otros no, algo especial está oculto. Explótalo, porque lo vas a necesitar.

Porque para tener ese alguien, también tenés que dar vos algo a cambio, no todo tiene que venir de arriba, parte del trabajo lo haces vos.

Y no derrames lagrimas en vano, no tomes por cualquier pelotuda o pelotudo que, quizás pensas que vale la pena. Te vas a dar cuenta cuando lo vale. Lo sentís en todo el cuerpo, en los huesos, en la sangre, en el pelo, en las orejas, en todos los lugares. Te toca el alma y notas que lo perdes antes de que ocurra.

Anímate a sentir, antes tenías huevos de sobra. ¿No te acordás todo lo que hiciste por tantas personas? Dale, yo te conozco bien, arriésgate a sentir, ser el alguien para una persona, sentí lo que sentías cuando eras un chiquito que se mandaba macanas por ahí, porque te veía. Te veía mientras llorabas por algunas… y que movías verdaderamente a el cielo y la tierra para tener lo que querías. Doblabas el espacio y le ganabas al tiempo.

Te veía. Ahora estás apagado, pero vas a volverte a encender, confío en vos y tus capacidades. Vas a salir de esta, pasaste peores… bueno, vos sabrás.

Pasmado por su monólogo, me quedé pensando un rato. Y le pregunté decididamente, “¿conociste a alguien así? ¿Alguien con todas esas características y que puedas hacer lo imposible?”

“Sí, claro. Pero eso lo dejamos para otra charla”.

Seguimos tomando un café y conversando de otras cosas sencillas, pero con las profundas palabras del viejo.

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