Pantallazo de lo que viene siendo mi vida
En mi historia arrebataron a los que me dieron vida. El egoísmo que llevaba dentro propuso un castigo y fue que la persona a la cual más amé se olvidara de mí y en sus recuerdos no yace mi presencia. La inseguridad que invadía mi bondad fue el epíteto de mi frialdad y por lo tanto la maldad. Amé, perdí, algunos dieron la espalda convirtiéndome en un fantasma, invisible a sus ojos. Recuperé y nuevamente fui sombra del olvido. Encaminé rutas difíciles para llegar a donde estoy. He de tener una transformación en tales paraderos de estos senderos. Bosques donde se aprende a sobrevivir o viajeros que me invadieron con su sabiduría. Gracias a ellos ayudé, reflexioné, perdí los temores que abrumaban, aprendí a ignorar pero sobre todo a amar. He de concordar con el destino y sus planes maléficos.
Volví a amar y me amaron, conocí a más caminantes como yo, aprendimos mutuamente y nos beneficiamos. El camino se tornó más claro y con árboles pintorescos, en algunas vistas puedo deslumbrar, esparcidos por los campos tan aleatoriamente que es imperceptible, flora envejecida. Propia de las inseguridades de cada uno. Aún así son buenos augurios ya que significa que no florecerán tan repentinamente como antes o que esta se desvanece y ambas perspectivas son positivas.
Hablé con amores antiquísimos, tan antiguos que hasta el día de hoy se sienten arrepentidos de no haberme conocido anteriormente. Aún así agradezco que me tomaron en cuenta ahora y no en el pasado. Pues he sido muy cretino y mi estupidez era inmensa , para nada maduro en variedad de ideas las cuales ahora están definidas.
Si bien antes temor recorría en mis venas, ahora cambió por un ingrediente de mejor calidad, la adrenalina del corazón por esperar sobre mis comentarios que hago sin vergüenza, de los más fieles y sinceros.
Yace en mi el poder de comprometerme conmigo mismo, y me hace feliz. Le he dicho a mi inconsciente “oh tu desdichado, levántate y dejemos de tener esta vida de miseria y perdón. Seamos agradecidos y equipemos el arte de mantenernos con vida. Dejemos el incrédulo pensamiento de que nos miran constantemente con la idea de que nos quieren lastimar. Renunciemos a la reservación de nuestras palabras y contratemos el decir lo que queremos, siempre y cuando no lastimemos al prójimo, o no lo hagamos con esa intención”. Y así fue, he crecido y por lo tanto cambiado, con una esencia vieja pero sin polvos que la estorben, siempre pulcra y hermosa. Impenetrable así no la corrompe las infecciones como la desdicha, el desamor y la desgracia ¡Seamos felices en los mejores momentos y rompamos a llorar cuando sea necesario! Para que una flor crezca necesita de lluvia. Para que la pradera sea verde, gotas han de caer. La tristeza no es hermosa pero a veces nos ayuda a crecer. El error es que nos consuma y perdamos nuestras leyes que acordamos con nuestro inconsciente.
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