Concurriendo roscas oníricas
Se volvió un
ermitaño.
No comía, no
dormía,
Solo bebía.
Se volvió un
testarudo.
No hablaba, no
reaccionaba,
Solo fumaba.
Se volvió
impaciente
No llamaba, no
reía.
Sólo agonizaba.
Estaba sordo.
No de oídos, sino
del alma
Estaba envenenado.
Con la razón y
escepticismo.
Envejecía siendo
joven,
Pero sólo sabía lo
que un bebé come.
Su corazón,
dormido, no lo dejaba mostrarse.
Su odio, en auge, lo
adormecía en la penumbra.
No reconocía lo
que creía
Tampoco profundizaba
su bellez.
Una voz lo despertaba,
a gritos lo nombraba.
Sin flameante aspecto,
el lloraba.
Escuchó la dulzura
y desapareció la sordera.
Sus ojos lechosos,
se atrevieron a hablar.
Su nombre oía,
todo resplandecía,
Despierto se
encontraba, caído en su cama.
La paz fue interrumpida,
por lamentable bandida.
Ladrona de sueños,
mañosa de la paz.
¿Dónde fuiste
cuando te fuiste sin irte?
¿A qué lugar?
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