Hagámoslo felices

Lo que pasa es que estoy muriendo, es la verdad. Cada día me estoy muriendo y no me importa. Lo que realmente me da escalofríos es el hecho de que mi vida termine sin que mis sueños se cumplan, ¿Se imaginan? Una vida desperdiciada por el prejuicio de la gente, por el que debemos hacer y lo que no, sumergidos en un mar de depresión y angustias que no debemos. Por la falta de amor y empatía de la gente que nos rodea, de nuestros amigos, de nuestra pareja o del espejo. Fundamentalmente la última, pues es la que no tendría que pronunciarse, pero lo está, ¿Y por qué está? ¿Por culpa de los demás? No, por nosotros mismos, por el simple hecho de preocuparse de lo que dicen los demás cuando no tendría por qué ser así. De igual manera, no está todo perdido. Podemos mejorar, transformarnos en lo mejor de nosotros mismos, querernos como debe ser y aceptarnos tal cual somos. No nos tenemos que privar de absolutamente nada, dejar de sentirnos incómodos pero sin dañar al otro, pues no se lo merece. 
Miremos a los que amamos, como se sienten, si están feliz o tristes, ayudémonos y combatamos ese malestar que llevamos dentro. Si el que está al lado nuestro está mal, veamos que podemos hacer. Y al que está bien, dejemos que siga así, no lo tiremos atrás, pues todos estamos muriendo y por lo menos, hagámoslo felices

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