Traigan sartenes.
Conocí un pensador con el que tuve la posibilidad de conversar. Los temas eran simples, pero él le otorgaba cierta belleza la cual establecía un vínculo con la asíntota de lo perfecto. “No quiero estar con alguien sin más” le dije, en busca de una de sus respuestas sabias. “Debes encontrar a alguien que te haga doblar el tiempo y cabalgar en el espacio” comenzó. Alguien que te haga encontrar una paz infinita y a su vez las ganas de despertarte por y para esa persona. Que te motive a existir, respirar este aire nauseabundo con partículas nocivas. Alguien que esté dispuesto a darte lo que das y que te haga abundante, así das en abundancia. Que puedas llorar en paz y saber que tendrás un lugar en el mundo el cual no te de la espalda. Una libertad para soltar tus sentimientos los cuales ocultas por temor y que no los profundizas porque no piensas en ellos. Alguien que te mire y no te olvide. Que veas, y que te vea, realmente. ¿Para que luchar por un amor ciego? Lo cierto es...