El inicio de un nuevo mundo
E s de noche en la posada del gato rengo. Una de las noches de invierno más frías que el corazón de una damisela la cual conocí hace un largo tiempo, mis huesos y venas lo perciben. Sí, es uno de esos inviernos crueles, que te comen vivo, como si fueras una liebre indefensa y el invierno un depredador hambriento. Te consume poco a poco. Una vez en la puerta, paso al Gato Rengo. Una brisa de aire cálido me marea. Un buen mareo, cálido, confortable, que te guía hasta tu chimenea para colocar unos troncos pesados y lisos, a la par de unas pequeñas y frágiles ramitas para avivar un dulce fuego. Pero no, mi hogar se encontraba lejos para eso. Mis botas de cuero, húmedas por la nieve, se descongelan sin ningún tipo de apuro, me las quedo mirando por un largo tiempo hasta que me incorporo nuevamente. Me saco la capucha verde de mi capa. Es una buena capa, con un bordado de hojas negras hecho a la perfección. Es una capa lo suficientemente fina para ser delgada y lo suficientemente gruesa ...